A solas conmigo

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Hay noches tan oscuras, y largas, que el miedo se apodera de ti hasta tal punto que no puedes dejar de temblar hasta que alguien en quien confíes compruebe que no hay monstruos debajo de la cama, que la puerta de la casa está bien cerrada y te prometa que tu letargo se convertirá en una gran secuencia de sueños felices que te regalaran un bonito despertar.

Y aún con todas esas pruebas de lo que podrías percibir como amor incondicional hay algo que no encaja, porque el estado de vigilia se vuelve a apoderar de ti haciendo del silencio un ruido tan insoportable que no tienes más remedio que pararte y escucharlo atentamente.

Y entonces, solo entonces, si eres capaz de escucharte a ti misma haciendo ruido debajo de la cama, abriendo la puerta de la casa e interrumpiendo tus sueños con tonterías, no tienes más remedio que pararte y mirarte atentamente, mordiéndote la lengua para no soltar un “pero ¿qué cojones pasa conmigo?”.

Y entonces, solo entonces, si eres capaz de mirarte a ti misma a los ojos, con la misma intensidad con la que prestarías atención a un niño que ha perdido a sus padres entre una multitud, desprendiendo suavemente cada capa de miedo, culpa, ira o rencor, no tienes más remedio que abrazarte y quererte más que nunca y decir claramente “tranquila, te vas a encontrar”.

Y entonces, solo entonces, sin apenas darte cuenta, habrás sobrevivido a esa oscura y larga noche y estarás presenciando otro bonito amanecer.

Cámara y amor!!!

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